«La colonización romana de la península ibérica cambió para siempre el paisaje de Hispania»

Idoia Grau es arqueóloga especialista en zooarqueología y ha trabajado en VARIOS proyectos de investigación para la Universidad de Sheffield, la Universidad de Nottingham y la Universidad del País Vasco-Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV-EHU). Además, aún le queda tiempo para escribir en su blog Zoociedad sobre el vínculo entre humanos y animales.  Nos desvela para Romanorum Vita cómo era el paisaje de la antigua Hispania hace dos milenios.

Cada vez vemos más especialistas en arqueología, pero ¿cómo se gestó tu pasión por la zooarqueología?

Siempre me gustaron la arqueología y la historia. Supongo que en gran medida gracias a mis padres, que me llevaban a visitar yacimientos y museos desde que era muy pequeña. Cuando estaba en el instituto, aún no tenía muy claro qué quería estudiar, hasta que tuve la inmensa suerte de participar como expedicionaria en la hoy desaparecida Ruta Quetzal. Aquel viaje me cambió la vida en todos los sentidos, incluido el laboral. Aún recuerdo que, después de haber visitado sitios tan espectaculares como Chan Chan en Perú, o Atapuerca en Burgos, cuando regresé a casa les dije a mis padres que tenía claro que quería dedicarme a la arqueología. Luego, una vez en la universidad, descubrí la especialidad de la zooarqueología. Y me dije que era una gran idea combinar mis dos pasiones: la arqueología y los animales.

Como Homo sapiens, ¿los humanos formamos parte también de la zooarqueología?

Sí y no. La zooarqueología es una disciplina arqueológica que se centra en el estudio de los restos materiales de animales no humanos. No obstante, como arqueólogos, nos interesa el conocimiento del pasado del ser humano. Los humanos son por tanto el objeto final de nuestra disciplina, pero no el medio.

Entonces, ¿cómo definirías tu campo de investigación?

También conocida como arqueozoología, es el estudio de la historia del ser humano a través del análisis arqueológico de las interacciones entre el ser humano y los animales en el pasado. Éste es un tema fascinante para mí. Desde la presencia de los animales en la vida humana y las actitudes hacia su muerte, pasando por las formas de producción, procesamiento y redistribución de productos de origen animal, hasta llegar a la dieta o la misma cocina.

Nos asalta una duda: ¿qué metodología se utiliza para conocer todos estos aspectos culturales?

Mayoritariamente, mediante el estudio de restos de animales no humanos  que encontramos en yacimientos arqueológicos (huesos, dientes, conchas, insectos, huevos, etc.), pero también a través del estudio de la cultura material relacionada con los animales (representaciones pictóricas o escultóricas, por ejemplo), y en combinación con las fuentes escritas cuando disponemos de éstas.


Pasemos a hablar de la cultura romana. ¿Cómo definirías el paisaje de Hispania de hace dos mil años?

La colonización de la península ibérica por parte de Roma cambió para siempre el paisaje de Hispania. Se crearon ciudades, vías de comunicación y nuevas formas de explotación del paisaje a través de catastros, agrimensores, centuriaciones, etc. El paisaje fue reordenado para poder ser explotado de forma integral, para dar respuesta al aumento demográfico, al sostenimiento del ejército o la creciente demanda urbana dentro de la propia Hispania.

Más allá de las nuevas ciudades, ¿cómo era el paisaje rural?

Sabemos relativamente poco sobre el mundo rural. Las excavaciones arqueológicas, aunque son cada vez más numerosas, se centran sobre todo en las zonas más monumentales de las villae. En cambio, las estructuras productivas de las mismas u otros tipos de asentamientos rurales, como los vicus, son muy desconocidos aún.

Sabemos que durante la época romana florecieron muchas factorías de garum, basadas en la industria pesquera. ¿Qué otros tipos de explotaciones alimentarias abundaban en el mundo romano?

Exceptuando la época contemporánea, la época romana fue quizás el único momento en el que el sistema económico de la península ibérica estuvo altamente especializado. Me atrevo a decir que es el único momento de nuestra historia no reciente en el que podemos hablar de una verdadera industria alimentaria. El mantenimiento de un imperio como el romano requería de complejos sistemas de producción y redistribución de los productos de origen animal. Así, existieron por todo el Imperio enormes explotaciones agrícolas, en gran medida especializadas en determinadas producciones: vino, aceite, grano, lana, carne, etc.


¿De qué manera se organizaban estas explotaciones?

El ganado vivo y los productos de origen animal circulaban a través de las densas redes de comunicación existentes. El registro zooarqueológico detectamos, por ejemplo, villae especializadas en la cría de ganado vacuno para la producción cárnica. Diversos análisis sugieren, además, que los animales fueron sujetos a una serie de mejoras (genéticas y zootécnicas) encaminadas a incrementar la producción: importación de ganado, selección para la reproducción, control en la alimentación, etc. Se trata de un sistema muy parecido al moderno, en el que un porcentaje muy elevado de la población no produce los alimentos que consume, así que alguien lo hace por ellos. Este alguien quiere hacerlo a gran escala y con costes mínimos para un mejor rendimiento y mayores beneficios.

Del vínculo entre romanos y animales, ¿qué ha quedado en nuestros días?

Para empezar, algunos de los primeros trabajos “científicos” sobre ganadería y zoología se los debemos a autores romanos como Columela, Varrón, Plinio el Viejo o Catón el Mayor. Debemos también a los romanos la dispersión por Europa de diversas especies animales, como el gamo o la rata negra, la popularización de la gallina (que aunque llegó a la península ibérica durante la Edad del Hierro, aparece solo de forma puntual y asociada a contextos rituales), o las primeras “razas” caninas con la única función de ser animales de compañía. Por otra parte, es posible que algunas de nuestras tradiciones más sangrientas, como las corridas de toros o las peleas de perros y de gallos, se remonten al menos a tiempos de los romanos.


Y hablando de cambios, ¿hemos ido a peor en nuestra alimentación?

En términos generales, sí. Pero no solo respecto a la época romana: en los últimos 50 años, ha habido cambios espectaculares en la forma de alimentarnos. Por ejemplo, y pese a la cada vez mayor popularidad de las dietas vegetarianas y veganas, el consumo de carne crece de forma exponencial cada día, de una forma que es absolutamente insostenible a largo plazo. Además, resulta cada vez más difícil tener cierto control sobre el origen y la calidad de nuestros productos alimenticios de origen animal. También son muchos los expertos que alertan del abuso de antibióticos en animales, de la falta de diversidad genética en el ganado o de la falta de regulación y control de las condiciones de vida de los animales en las explotaciones ganaderas.

Entonces, ¿nos alimentaríamos mejor si viviéramos en la antigua Roma?

La alimentación romana seguramente sería más sana en comparación, aunque no tan variada como hoy en día, al menos no para la mayoría de la población. Los romanos contaban con recetas que hoy se nos hacen un tanto peculiares a la mayoría, incluyendo ingredientes como el lirón gris, la lengua de pavo real, los loros, las medusas o el garum que comentábamos antes. ¡Personalmente me alegro de haber perdido algunas de estas tradiciones culinarias!

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